Nos topamos con una escalinata Inca y ascendemos nuevamente, pasando el pequeño sitio Inca de Runkuracay. Al llegar al segundo paso, el paisaje se abre sobre nuevas vistas espectaculares hacia los picos nevados de la cadena del Pumasillo. Descendemos a las ruinas de Sayacmarca (Pueblo Inaccesible), un intricado laberinto de casas, plazas y canales de agua, colgadas precariamente sobre una espuela rocosa que domina el valle del Aobamba. El Camino Inca – que ya es una gran estructura de adoquines de granito, reforzada por altos muros de contención -- sigue a lo largo del empinado borde del bosque nublado, a través de un derroche de colores de orquídeas, bromelias, musgos, y helechos. El tercer paso, está colmado por peñascos coronados con plataformas de observación Inca, que dominan la vista hacia el complejo arqueológico de Phuyupatamarca (Ciudad al nivel de las nubes).
Haciendo una pausa para explorar el maravilloso laberinto de fuentes, escalones y torres de piedra Inca que se vuelcan hacia abajo por la ladera en Phuyupatamarca, luego comenzamos un largo descenso a través de distintos pisos, siempre cambiantes, del bosque de nubes. Una escalinata Inca, labrada en granito vivo en algunos trechos, nos lleva finalmente a Wiñay Wayna (Siempre Joven), el más grande y el más exquisito de los sitios arqueológicos del Camino Inca. (D/A/C)